viernes, 28 de septiembre de 2012

Tanto...¿Para qué?

Después de las manifestaciones del 25 y 26 de septiembre, me llegan sentimientos encontrados y opuestos entre sí. Por un lado, el orgullo por ese pueblo que, cada día, se levanta con más clamor y más facilidad ante la injusticia; por otro lado, el repudio ante un cuerpo de policía violento y excesivo, y el asco de un gobierno que pretende agarrarse al poder con uñas y dientes, pase lo que pase, caiga quien caiga y peguen a quien peguen.

Hablan de la legitimidad de la soberanía democrática, que reside en el pueblo, pero cuando es esa misma soberanía la que se pone de pie y les grita que sus actos no son justos ni están bien, corren a deslegitimarlo, a situarlo al nivel de unos golpistas viles que quieren derrocar la democracia cuando lo único que pretenden, es pedir la dimisión de un gobierno que en 10 meses sólo ha sabido mentir y pisar a quien le voto (y a quien no), solo beneficiándose ellos mismos y a sus 'amiguitos'.

Es indignante contemplar al 'señor' Rajoy correr a Nueva York a pedir un asiento en la Comisión de la ONU, mientras su pueblo se muere de hambre y grita un claro, alto y rotundo BASTA YA.Qué casualidad, ¿no?. El país no necesita otra cosa sino eso. Es urgente ese asiento. ¿Nos va a sacar de la crisis? Si es así, adelante, si no, quédese en casa y DE LA CARA, como NUNCA hace, y deje de huír, como hace SIEMPRE. Porque ésta no es la primera vez que nuestro 'presi' se va de España cuando las cosas se complican. Ya lo demostró con la crisis de Bankia, donde se le vio disfrutar de un partido de la selección española en la pasada Eurocopa de Polonia y Ucrania. Una actitud normal y lógica en un presidente de gobierno de un país que está al límite de sus posibilidades, y en el filo de un acantilado llamado rescate (aunque ellos se empeñen en disfrazar el nombre; debe gustarle mucho el carnaval a este Ejecutivo).

Pensiones, sanidad, educación, impuestos...Todo en perjuicio de la mayoría que ya no tiene casi ni para vivir. Sobreviven y a duras penas, y mientras tanto... Defensa, ni lo tocan; la Iglesia, ni mentarla; a los ricos, ni molestarles... Ridículo es que, a estas alturas, el pobre siga aportando lo que ya no tiene, y el rico siga quedándose con todo lo que el pobre suelta, sin aportar nada, sin colaborar, sin pelear por sacar adelante este país. A veces me cuestiono si ¿no será que todos ellos viven a gusto en ésta situación? ¿no será que no tienen el más mínimo interés en que la dichosa crisis se arregle?

Sé que ésto no acabará aquí, que vendrán más manifestaciones, y protestas, y con ellas, más palos y represión, porque esta dictadura 'blanda' disfrazada de democracia en la que están convirtiendo nuestro sistema político estatal el partido en el gobierno, ha demostrado que, ante el miedo al pueblo, lo mejor es leña al mono. Y lo más grave es que, si esa es la respuesta por el temor al pueblo, deberíamos ser nosotros como pueblo quienes tuviesemos miedo de los prehistóricos que nos dirigen. Tener miedo de su miedo, porque con la excusa de él, pueden llegar a cometerse actos atroces. Y si no, al tiempo.

Total que, después de todo, y después de tanto, uno se pregunta, y tanto...¿para qué?

viernes, 21 de septiembre de 2012

Que no borren los recuerdos


Querido amigo:

Te escribo esta carta desde la soledad, y la oscuridad, que me acompañan en mi pequeña habitación. La intención que traigo con estas letras no es otra sino el poder plasmar en unas pocas líneas aquello que recordará toda mi vida; sí, has leído bien, toda mi vida. 

Nací en tiempos muy difíciles, por aquellos años, las guerras hacían mella en todos los rincones del planeta, y sobrevivíamos como podíamos. Aún así, y a pesar de las dificultades, puede decirse que fui muy feliz. Sí, lo que lees, fui feliz. Unos padres que dieron la vida por mi, y por el resto de mis cinco hermanos.

Tuve muchos amigos en cada etapa de mi extensa vida, muchos, y muy buenos. Compartimos muchos momentos divertidos, y también momentos muy duros; pero para eso estamos los amigos al fin y al cabo.

Hasta que apareció ella, ese día el mundo dejó de ser mundo, y solo era un pequeño lugar, tan pequeño que se me hacía baldosa bajo mis pies cuando ella rozaba mi mano, o me daba un beso en la mejilla con sus suaves labios, jeje, sí, en la mejilla, porque en la época, ni pensar en algo más. A pesar de eso, era maravilloso tenerla a mi lado, reírnos, llorar, correr... Nos casamos y me dio lo más bonito y lo más grande, cuatro hijos fantásticos que, aún hoy, siguen a mi lado día a día, sobre todo después de que ella tuvo que abandonarme y dejarme sólo en este mundo que, de nuevo, volvió a convertirse en inmensidad, inmensidad sin ella.

Hijos que me dieron nietos, y ellos han vuelto a darme la risa y la juventud, y por eso escribo esta carta, para no olvidar nunca lo que tuve en mi longeva vida. Mucha alegría que, la enfermedad me está borrando poco a poco, como si de una línea escrita a lápiz se tratase. Mi vida ya no es mía, no me pertenece, es de ella, de la enfermedad. La maneja a su antojo, estoy a merced de su capricho, y no puedo hacer nada, simplemente esperar, esperar a que me lleve a encontrarme con la mujer que tanto tiempo me cuidó y mimó. 

Pero da igual cuán duro pueda parecer, sé que he sido feliz, y aunque mañana no recuerde ni mi nombre, en este papel está reflejado todo aquello que fue parte de mi propia historia, de mi propio cuento, y que, mañana, me podrán leer y yo, como si de un niño pequeño antes de dormir se tratase, podré asombrarme con lo vivido por ese alguien que, en algún momento, fui yo mismo.

Me despido ya. Un abrazo y un saludo cordial.

21 de septiembre. Día Mundial del Alzheimer.